Bienvenid@ a mi mundo !
Las normas sociales y el protocolo no corresponden sólo a personas de alto nivel social.
Todos, en algún mometo, debemos ejercer de anfitriones, recibir en nuestras casas y nos gustará ser hospitalarios, conseguir un ambiente agradable y cómodo, hacer que nuestros invitados se sientan bien atendidos.
Esto es lo que pretende conseguir el protocolo, un ambiente relajado y agradable que facilite las relaciones entre nuestros invitados.
El que conoce las normas puede elegir seguirlas o no.
En distintas épocas del año, como la Navidad, por ejemplo, abrimos nuestra casa a familia y amigos y, en muchas ocasiones, a personas con las que no tenemos tanta confianza, pero sí compromiso social y con todos queremos quedar bien y resultar los anfitriones perfectos. Pero...
¿Cuáles son las principales funciones de un buen anfitrión?
La principal función del anfitrión es intentar que todo esté perfecto desde el momento en que el invitado llega a nuestra casa, conquistarlo desde el minuto 1.
Para ello no sirve improvisar.

La clave está en organizar un plan y ser precavidos, actuar con antelación.




- Lo primero, procurar reunir invitados afines entre sí, para que la reunión sea un éxito.
- Cuidar cada detalle y atender correctamente a todos y cada uno de nuestros invitados, por lo que, a la hora de elaborar el menú, tendremos en cuenta las posibles alergias, intolerancias y gustos personales, en la medida de lo posible.
- No improvisaremos recetas. Serán recetas que sepamos que nos salen bien, caseras, sencillas y sabrosas.
- Haremos la lista de la compra con antelación, para estar seguros de que ese día nada nos falta y podemos dedicarnos a cocinar y a procurar que todo esté perfecto, sin sorpresas de última hora.
- Labor del buen anfitrión es estar pendientes en todo momento de nuestros invitados, desde el momento en el que los recibimos hasta la despedida, con una sonrisa y agradeciendo siempre su presencia.
- Deber del anfitrión es que la casa esté impecable. Limpia, ordenada, con el baño acondicionado para recibir invitados, con jabón líquido ( más higiénico ), toallas desechables de buena calidad, si podemos, flores frescas, etc... )
- Lo correcto es acondicionar una habitación o rincón de la casa para que los invitados dejen sus abrigos y pertenencias. No sirve la improvisación ni el " déjalo en cualquier sitio". eso induce al caos y la incomodidad.
- La clave es: limpieza, orden, música suave y una mesa perfectamente acondicionada. La casa nunca debe oler a comida ( por delicioso que esté lo que hemos cocinado), sino a limpieza y suave perfume.




¿Cómo recibiremos a nuestros invitados?
El buen anfitrión recibe siempre en la entrada de la casa, cuidando al detalle su indumentaria y arreglo personal.
Jamás debe recibir con el delantal puesto, en zapatillas y con útiles de cocina en la mano.
Al momento de recibir a los invitados todo debe estar listo y el anfitrión con su vestido y peinado impecables.
Lo correcto es saludar, dar la bienvenida y no extender demasiado el momento de la charla en la entrada, sino, hacer pasar al invitado, presentarlo a los demás y ofrecerle una bebida y un aperitivo frugal.
La regla para acertar con el aperitivo es que no sea muy copioso (para no mermar el apetito, que no requiera plato ( que pueda ser cogido con la mano) y que no dure más de media hora.
Las bebidas que se ofrecen con el aperitivo no deben contener demasiada graduación alcohólica y deben maridar bien con lo que hayamos elegido para pincho o tapa.
El aperitivo nunca debe ser sentados a la mesa, ya que una de sus funciones es facilitar las presentaciones, romper el hielo y abrir conversaciones.
La importancia de una mesa bien puesta y decorada es crucial y nuestra mejor carta de presentación. 
La mesa produce al invitado el primer impacto visual, la primera impresión, por la cual tiene muchísima importancia, ya que la mayor parte del tiempo en nuestra reunión, nuestros invitados estarán sentados a la mesa.
La decoración de la mesa debe ser fiel reflejo de  nuestro estilo y buen gusto. Muestra nuestra personalidad y saber estar. La regla es armonía y sencillez. Menos es más.




La norma fundamental es lograr que los invitados estén cómodos, por lo que debemos calcular de 70 cm. a 1 metro por cada comensal, para que puedan moverse con soltura y comodidad.
A la hora de colocar o distribuir los invitados a la mesa, cuestión que ocupa al anfitrión, debe conocer y tener en cuenta la afinidad y posibles rivalidades entre ellos, para disponerlos de modo que la velada resulte lo más agradable posible.
Debe alternar según sexo ( evitar hombres juntos y mujeres juntas). Las parejas separadas ( lo que se denomina descanso marital ).
Y si alguno no conoce al resto, colocarlo en un lugar dónde pueda interactuar con todos para favorecer la conversación.
Es correcto poner tarjetitas con los nombres de nuestros invitados.
El lugar de honor, según el protocolo, no es la cabecera, sino el situado a la derecha del anfitrión y normalmente se reserva a la persona de mayor edad o a la que queramos dar un mayor reconocimiento.




Poner la mesa:
Sobre la mesa pondremos un muletón o paño grueso ( para evitar golpes, ruidos, derramamientos accidentales, etc...)
Después el mantel. Siempre en colores claros y suaves, tejidos naturales. Las servilletas dobladas siempre con sencillez ( colocadas a la izquierda del plato o sobre él ). Nunca dentro de las copas y menos con formas imposibles o filigranas.
La regla para mantel y servilletas es : impecable en limpieza y planchado.
Vajilla: La adecuada al menú elegido, que vayamos a servir.
la más adecuada y elegante es la sencilla.
Pondremos un bajoplato o plato de base o sitio ( preferiblemente de acero o plata). Y sobre el bajoplato, el plato.




Cubertería: La mejor que tengamos. Colocaremos los cubiertos de fuera hacia dentro en el orden en que se vayan a utilizar. tenedores a la izquierda, cuchillos a la derecha con el filo hacia dentro. Cucharas a la derecha.
Cubiertos de postre, frente al plato, el tenedor con el mango hacia la izquierda y el cuchillo  con el mango hacia la derecha.
El plato para el pan, a la izquierda del plato.
Cristalería:   Sólo pondremos las copas necesarias, sin sobrecargar y siempre la copa para el agua. la de cava y licores se debe sacar después.
las copas se colocan arriba y a la derecha del plato, ordenadas por tamaño, de derecha a izquierda: primero la de vino blanco, luego la de vino tinto ( de mayor tamaño) y por último, la de agua ( la de mayor tamaño).
Es correcto colocar al lado de la mesa principal, una mesa auxiliar de apoyo.





Con nuestra casa impecable, un menú delicioso elaborado con mimo y una mesa bien puesta y decorada... Nuestra reunión con toda seguridad será un éxito. 
Por supuesto, el que conoce las normas de protocolo y saber estar, puede elegir con la libertad que le da el conocimiento cumplirlas o no, pero nunca se pondrá en evidencia y quedará mal ante los demás.
La sabiduría y el conocimiento sólo aportan libertad a nuestra vida, nos hacen más libres y más felices. Hacen nuestra vida más confortable.




Algunos apuntes de protocolo.
Forma de dejar la servilleta una vez concluida la comida:  No se dobla como si no la hubiésemos usado. Se deja a un lado ligeramente doblada, nada más.
Cómo se dejan los cubiertos en una pausa y al terminar de comer:  En una pausa, se dejan sobre el plato en cruz y una vez terminada la comida se dejan paralelos hacia la derecha del plato ( las 4 y 20 en el reloj).
Cómo hacer un brindis: ponerse de pie, levantar la copa a la altura de los ojos y decir: - salud, mirando a los ojos de nuestro auditorio. Nunca chocar las copas.
En ningún caso se dice: - Que aproveche o - Buen provecho. Ya que eso alude a jugos gástricos, al momento digestión y, no es una expresión correcta ni propia de personas de buen gusto.
En la mesa nunca se habla de religión, política, sexo ni temas polémicos que puedan ofender o contrariar a alguno de los demás comensales.
El pan nunca se corta con cuchillo.
Los cubiertos jamás se dejan sobre el mantel una vez empezada la comida.





Os deseo unas felices reuniones. Es fácil ponerse en evidencia si no sabemos actuar de modo correcto. Los que sí saben no tienen más que observar nuestro comportamiento durante cinco minutos para darse cuenta y etiquetarnos.
 A muchos nos importa ser personas educadas, cultas, con estilo y clase y, a muchos no. Libertad es la regla. Yo elijo rodearme de personas educadas y con buenos modales en la mesa y en la vida siempre.



Ser un perfecto caballero o dama no tiene nada que ver con el nivel económico, la posición social o el status. Tiene que ver y mucho con la educación que han recibido las personas.
No hay más que tener los ojos bien abiertos para darnos cuenta de que temas como el saber estar, la educación y las buenas maneras, son los grandes olvidados de los papás y colegios. Así nos va. 
Hay de todo, como en botica, pero abunda lo que no debe abundar.




Es frecuente que no sólo no te sujeten la puerta para pasar, sino que te la cierren en las narices. Que no se pidan las cosas por favor ni se den las gracias. Frecuente la impuntualidad como modo de vida.No saber cuál es la vestimenta adecuada para ir a una ceremonia o a un tanatorio.
Pocos saben que el vino en un restaurante se sirve por la derecha, al contrario que las comidas, que se sirven por la izquierda y recogen por la derecha. ¿Cómo debemos catar el vino que vamos a tomar?
¿Cual es el plato del pan? ¿Y cómo debemos usar los cubiertos y en qué orden?
¿Cómo debemos comportarnos dentro de un coche? Es correcto llevarlo con pegatinas, cojines y el perrito que mueve la cabeza, con la música a todo trapo?





Un caballero o una dama ofende a los demás con comentarios improcedentes e inadecuados o respeta a todo el mundo, tiene valores y principios y hace de la moderación su modo de vida?
Buena maneras, saber estar y ser un perfecto caballero o dama es la manera que tendremos de caminar por esta vida.Para mí, básico y fundamental. Prefiero relacionarme en mi camino con gente buena, sencilla y preocupada por su educación y su saber estar ( insisto que nada tiene que ver con status y posición social, sí con educación).
Para mí ser perfecto caballero o dama son temas primordiales. Prefiero en mi vida gente con magnetismo y valores que... absoluta vulgaridad.
Más de uno y de una ahora comprenderá que le haya "invitado" a marcharse.





La diferencia entre un hombre (o mujer) y un verdadero caballero (o dama), está en las formas.
Un caballero ( o dama) verdadero, respeta a todo y a todos, no discrimina, trata de ir adecuado a cada situación, saluda al llegar y sabe despedirse con corrección, sabe controlarse, ser moderado, sabe escuchar y no hace uso de la palabra cuándo no le corresponde.
Sabe disculparse cuándo es necesario, puesto que no es perfecto.
No critica a otras personas aunque no sean de su agrado.




Contesta con elegancia, sin alterarse, con inteligencia y sin agresividad.
Ser perfecto caballero ( o dama) nada tiene que ver con las modas, está por encima de lo que se lleva o no se lleva. Tiene que ver con la clase, el estilo, la elegancia, el saber estar, la educación, el respeto por sí mismo y por los demás.




Los buenos modales de los que tanto se ríen algunos... para mí convierten a la persona en cautivadora.
Hacen que ese hombre o mujer aparentemente vulgar sobresalga de la multitud y tenga un magnetismo especial que lo distingue de los demás. Lo hace una persona especial.
Un verdadero caballero ( o dama) hacen del mundo un lugar confortable para todos, con buenos modos, moderación, sonrisas, confianza y seguridad.




Me resulta increíble que este tema genere tanta polémica y se confundan y traspapelen los términos constantemente.
Que si lo importante no es saber vestirse ni saludar, sino ser buena gente.
Que si da igual ir sucio o limpio porque lo que importa es ser buena gente.
Que si no importa comer con la boca abierta, no saber comportarse en la mesa, no ceder el asiento a un anciano, no dar gracias ni saludar cuándo se entra... Lo importante es ser buena gente....
Pamplinas!!!
Nada tiene que ver ser buena gente con tener buenos modales, saber estar y ser un perfecto caballero o dama.




No es clasista ni elitista desear rodearse de personas con clase. repito. Nada tiene que ver el status o posición social con la educación.
Vulgaridad, vulgaridad y vulgaridad. eso es lo que abunda.
Por eso es maravilloso y digno de ensalzar un verdadero caballero o dama, con exquisitos modales, aunque sus posesiones no sean muchas y, con su libro en la mano y su camisa de blanco impecable, poseen ese aura especial que les rodea y les distingue del común de los mortales.
Aquellos que piensan que tener buenos modales es cursi y demodé que sigan en su creencia que respeto y no comparto en absoluto.




Unos pequeños apuntes de buenos modales nos irían bien a todos. Sí, esos buenos modales que nunca pasan de moda y aquellos que los ignoran se retratan a sí mismos.
La gente que sabe un poquitín de lo que es correcto y lo que no, por supuesto se da cuenta de la educación recibida por cada uno de nosotros.
Nos retratamos con nuestro comportamiento en la mesa, al comer, al saludar, con nuestro aspecto y vestimenta.
Como decía Oscar Wilde: "No hay segundas oportunidades para causar una buena impresión".
Si sabes actuar con buenos modales y corrección, siempre podrás elegir hacerlo o no y ninguna puerta se cerrará por esta causa.




¿Seguimos pensando que es correcto decir " que aproveche " al entrar en un lugar dónde hay gente comiendo?
¿Seguimos sin saber cuál es el plato del pan y cómo se utilizan los cubiertos y en qué orden en una comida formal?
¿Seguimos quitándonos loa corbata y la chaqueta en la mesa?
¿Seguimos sin saber cómo se saluda correctamente a un caballero? ¿Y a una dama?
¿Sabemos vestirnos adecuadamente para visitar un tanatorio o asistir a una ceremonia?
Ya somos mayorcitos para educarnos a nosotros mismos en el caso de que la educación que nuestros padres o colegios nos hayan inculcado presente deficiencias, no???
Tenemos a nuestro alcance más información que nunca. Vía internet, bibliotecas públicas, libros, talleres, etc...
No hay disculpa para conseguir ser personas educadas, perfectos caballeros y damas.

Conseguí hacer las paces con ese lugar que arañaba mi piel por su ausencia.
Guardar en mi archivador todos aquellos recuerdos sin rencores ni acritud.
Comprender que nadie tuvo la culpa del devenir de los hechos. Lo que pasó pasó y nadie pudo evitarlo.





Dejar de pedir explicaciones y nunca obtener respuestas.
Cuándo se fue, quise romperlo todo, echar a correr, liberar mi rabia acumulada y pelearme hasta con las flores que acariciaba el viento.

Necesitaba encontrar culpables, responsables de tanto sufrimiento y convertirme en juez implacable.
Me convertí en otra persona distinta a la que siempre fui, mis ojos trasparentaban una mente atormentada.






Perdí mis valores, mi capacidad de entrega, mi arte para ser feliz disfrutando con muy poco.
Duro y con tiempo, a solas conmigo misma...
Mis ojos miel ya no trasparentan rencor. Comprendí que no tengo tiempo para hacer del pasado mi presente. Me despojé de prejuicios, miedos y tristezas.

El que vive en el pasado no disfruta del presente ni deja puerta abierta al futuro.





Quizás por ello no me importa lo que nadie piense, quizás mañana yo tampoco esté aquí. 
Qué cada uno piense lo que quiera, juzgue y haga juicios de valor según su conciencia. Me da lo mismo.
Yo vivo el hoy y hago mi propia ley sin dañar al de al lado, siguiendo los dictados de mi piel y mi sonrisa únicamente.

Si está bien o mal sólo a mí imcumbe. Yo asumo las consecuencias de mis actos y mis decisiones. Tengo todo el derecho a decicir y equivocarme. A caer y volver a levantarme.





Conseguí volver a disfrutar del sol, del mar, del paseo, de los árboles... sin que cada paso que diese me recordase su ausencia y arañase mis heridas, volviendo a revivir una y otra vez aquellos momentos en los que todo lo que tenía se fue, no poco a poco, dosificado, sino en el mismo barco.
Hoy soy dueña de mi vida y asumo las consecuencias de mis actos. Las riendas son sólo mías y decido si derecha o izquierda, si arriba o abajo. El timón está en mis manos y si me dirijo a las rocas o a un mar enbravecido... sólo a mí debe importarme.




Nadie sabe, sólo yo, lo que me ha costado recoger del suelo mis trocitos desperdigados  y recomponer mi alma de "Azucarillo".





Echo la vista atrás y no puedo dejar de dar gracias a todos los que me ayudaron, estuvieron a mi lado y me regalaron algo más que una palabra de aliento, un consejo, una sonrisa cómplice, un mimo...
Quizás no supe estar a la altura, lo sé bien.
Esperaban más de mí. Esperaban que actuase como la vieja "Azucarillo" y no se dieron cuenta que de ella no quedaban ni las cenizas.
¿ Soy por ello culpable? ¿Merezco condena ? ¿ Pagar precio por mis decisiones supuestamente equivocadas?...





Las personas cambian. Son producto de sus circunstancias. Cambian gradualmente, con el paso de los años. Van moldeando y adaptando su carácter a lo que les toca vivir y a su manera de enfocar la vida. 
Resiliencia. Ese tan traido y llevado concepto que tan de moda está y alude a la capacidad de la persona para enfrentarse y encarar de manera más o menos afortunada las dificultades que la vida a todos nos plantea.
Muy importante desarrollar esa capacidad al máximo para salir airoso ante esos vaivenes.




Pido perdón a quién corresponda si no soy la misma persona. No lo soy.
Pido perdón si en el camino de mi reconstrucción he lastimado, sé que lo hice, aún sin ser consciente.
¿Desear retroceder en el tiempo? No.
Soy la que soy, producto de mis vivencias y mis circunstancias, aún con los errores cometidos no puedo mirar hacia atrás. mi vida se escribe hacia delante.





- No me juzgues porque no lo consiento ni creo que sea justo. Tú no has estado en mis circunstancias ni en mis zapatos.
- No cortes mis alas porque a un pájaro que quiere volar nada puede impedírselo, ni una jaula, ni un ala rota, ni la lluvia ni el viento. Finalmente vuela aún con heridas y tempestad. Será un vuelo suave y placentero o será un vuelo brusco y tortuoso, pero nada le impide volar.





Me siento feliz por haber podido recoger mis pedacitos del suelo, haber apartado de mi vida esa nube negra que casi me engulle y me borra de un plumazo...
Resurgir con fuerza, sentirse capaz de todo, tener esperanza, sueños, proyectos, ilusión...
Así me siento. 
Ya me doy cuenta de que hay mucha gente que pretende aprovecharse de mi de un modo u otro, gente tóxica, gente frívola, gente superficial, hay muchos tipos de "gente"...
Aunque ...
No creo que nadie sea capaz de derribar una torre que sabe lo que es caer y levantarse sola.


La vida es maravillosa, apasionante y muy muy corta!!!
Darlo todo, entregarse y luchar por quién lo merece? Por supuesto, a muerte!!!
Si alguien te quiere cerca, te busca hasta encontrarte. No debes luchar ni hacer prioridad a las personas para las que sólo eres una opción.






Claro que es duro dejar ir, pero vale la pena el esfuerzo de regalar nuestra ausencia a quién no lucha por nuestra presencia.
Los ojos se empañarán al principio, pero a nada que nos demos cuenta, nos pondremos las gafas rosa, miraremos hacia arriba y descubriremos el libro abierto de nuestra historia esperando ser escrito con nuevos capítulos dónde los protagonistas somos nosotros.
Esa es la actitud!!!

Y... como dice el refrán: "Lo que no se soluciona pasando página, se soluciona cambiando de libro".
Feliz verano escrito a nuestra medida! Protagonista tú.





Hace unos días, una persona a la que conozco poco me sorprendió regalándome un despertador virtual.
Me sugirió la idea de que lo escuchase con los ojos cerrados, atendiendo a su mensaje y dejándome empapar por la positividad de las palabras.
Así lo hice y... consiguió sacarme una sonrisa de oreja a oreja.
Decidí que quiero despertarme con él todos los días de mi vida. Empezar cada día con ese mensaje entre ceja y ceja, esa positividad hace que seamos capaces de conseguir todas y cada una de las cosas que nos propongamos. 




"Hola, buenos días.
Perdona si soy inoportuno, no quiero interrumpir tu descanso.
En realidad, intento ser el guardián de tus sueños. Hasta que me corresponde despertarte, como me has pedido.
Disculpa si hoy no me quedo callado. Hoy te diré algo en nombre de todos los que te conocemos...
Y si es necesario, te lo repetiré cada vez que te despierte:
Es un privilegio ser testigo de tu vida!!!




¿Todavía en cama?...
Déjame que te recuerde por qué eres la mejor persona que conozco, por qué me sobran motivos para presumir de ser tu despertador y no te lo digo por hacerte la pelota, sino por sano respeto hacia tí, hacia tu esfuerzo, tu constancia y tu actitud.




Por eso quiero que recuerdes esto cada vez que te mires al espejo...
No le hagas caso, es un envidioso y sólo te muestra lo que todavía eres, pero lo que realmente te define, es lo que quieres ser y hoy... vas a a darlo todo para demostrarlo!!!




Ten siempre muy presente... Los límites no existen, son la mayor mentira jamás contada.
Cualquier cosa que tu mente pueda concebir, la puedes alcanzar, porque tienes el poder de la intención en tu vida diaria y tu felicidad interior es el combustible de tu éxito.




Quiero que seas consciente de que todo lo que has vivido hasta ahora te ha estado preparando para este momento, incluso lo malo.
Has pasado por dificultades para poder llegar hasta aquí, lo sé muy bien, me lo ha contado tu corazón.




Hablo con él mientras duermes y, sí, aunque no te lo creas... tu corazón puede hablar. Escúchalo.
Si tu despertador te está hablando ahora, tu corazón, lo hace a gritos. ¿Lo escuchas?...
Dice: - Es un honor ser parte de tí.
           Es un orgullo ser el motor de tus ideas.
          Es maravilloso contemplar cómo escribes tu propia historia.
         Y deja que te diga que te estás convirtiendo en tu mejor obra maestra!!!




Eres lo más grandioso que he visto!!!
Eres la magnificencia en forma humana!!!
Eres la perfección de todo ser vivo!!!
Y me hace muchísima ilusión darte la bienvenida AL MEJOR DIA DE TU VIDA!!!"






Aquellos veranos en la casa de la abuela, sin más preocupación que jugar al escondite y montar en bici. Disfrutar de la pandilla, aprender a decir tacos, a subir a los árboles y comer fresitas silvestres y uvas.
Las rodillas siempre con "pupas" y arañazos.





¿Te acuerdas María? Bañábamos en el río a nuestros muñecos y luego buscábamos la sombra de los robles gallegos para jugar a las casitas e imaginar que éramos mayores... ¡ Cuánta prisa por crecer!
¿Qué habrá sido de tí?
Bajo el roble prometimos un día que nunca nos separaríamos, que nada rompería nuestra amistad... Y no lo cumplimos.





¿Alguna vez te acordarás de mí? ¿Tendrás hijos? ¿Cual será tu trabajo? ¿Serás feliz?...
Las tardes bajo el hórreo, sentada sobre la hierba peinando a mi Nancy, alisando su rubia melena una y otra vez, escuchando las tertulias de los mayores.
Mujeres gallegas hablando de sus cosas al caer la tarde, ajenas a una niña pequeña peinando a su muñeca.





Todas aquellas charlas se quedaron grabadas, me hicieron reflexiva, despertaron en mí el gusto por plasmar en papel pequeñas historias, retazos, sentimientos, vivencias...
Aquellos veranos gallegos, la vendimia, la siega, las verbenas, la playa, el "agua de S. Juan", las sardinas asadas, los platos de la abuela, correr tras los perros, patinar...
Una persona está hecha de trocitos, sentimientos, experiencias, olores...
Los olores de mi infancia gallega son parte de Mary Azucarillo.






También aprendí en aquellos veranos lo que la muerte significa.
En los pequeños pueblos de Galicia se vivía con naturalidad, sin tabúes, como una parte más de la vida. No se escondía la idea de la muerte a los niños, como metiéndolos en una burbuja de cristal protectora, sino al contrario.
Con apenas 9 años, mi abuela me peinó las coletas, me puso una rebequita y me tomó de la mano.
Enfilamos camino arriba hasta llegar a una pequeña casa no demasiado lejos.
Yo no sabía adónde iba, pero enseguida me dí cuenta de que el ambiente que se respiraba alrededor de aquella casita de campo era triste y desolador.






Recuerdo perfectamente a todas aquellas mujeres vestidas de negro, con pañuelos en las cabezas, sentadas en sillas alrededor de un pequeño ataúd de color blanco rezando y llorando.
En el centro del salón de la casa, rodeado de velas y flores, reposaba el pequeño cuerpo inerte de una niñita de mi edad.
Ataviada con un vestido blanco y con sus pequeñas manos cruzadas sobre el pecho. El pelo negro intenso y los párpados cerrados, una expresión serena y tranquila. Nunca he podido olvidar aquella palidez.
Fue la primera vez que ví una persona sin vida.
Apreté fuertemente la mano de mi abuela y clavé los ojos en aquella niñita, sin entender demasiado lo que ocurría.
Mi abuela lo veía normal y yo apenas pude dormir en 3 días...
Aún no lo he olvidado... La primera vez.





Recuerdo con cariño el día de la fiesta de S. Pedro, patrón del pueblo de la abuela. Fiesta grande.
La casa era un ir y venir. Se recibía a familia y amigos en una comida festín al modo tradicional gallego.
Recuerdo la preparación de los platos que comenzaba 3 días antes del evento. Mi madre y la abuela se encargaban y yo no perdía detalle.
Los banquetes al estilo gallego requerían abundancia... 3 ó 4 clases de marisco diferentes ( nécoras, buey de mar, percebes, camarones, cigalas), un plato de carne, otro de pescado, callos con garbanzos y 2 ó 3 postres que precedían al momento champagne, sidra, aguardiente, queimada, licor de café y demás espirituosos.





Risas, confidencias, chistes, mil historias salían a colación en estos banquetes galaicos.. Descubrí que los mejores momentos del ser humano son los que se viven alrededor de una mesa.
Familia y amigos vestían sus mejores galas. Hombres con traje y corbata, ellas con vestidos en tonos alegres y trajes de chaqueta conjuntados con zapato y bolso. Peinados de peluquería.
Mamá me compraba un vestido nuevo y peinaba mi melena marrón dejándola suelta y lisa, recogida por una diadema o lazo.
Siempre me sentía guapa y especial.




Por la tarde la berbena. Algodón de azúcar que pringaba de rosa los mofletes y el pelo. Almendras garrapiñadas, coches de choque, el tiovivo con las cadenas. Siempre me mareaba y me daban miedo las alturas, pero nunca dejaba de subirme y soportar estóicamente los giros y vueltas que el chiquillo encargado nos daba una y otra vez. Intentaba mantener la sonrisa a pesar de mi escaso disfrute por esos artilugios que tanto divertían a mis primos y amigos.
Me encantaba mirar desde una esquina cómo bailaban los mayores al son de una orquestita local. Las canciones del verano, los boleros, el "agarrao".
Los chicos repeinados y oliendo a Brummel, a Jacks o "Barón Dandy".
Ellas con sus zapatitos de tacón, los que yo estaba deseando ponerme y todavía no podía...
La tómbola, el "perrito piloto"...




Al final del verano llegaba la vendimia. 
Hora de recoger las uvas que con tanto mimo y esfuerzo el abuelo había cuidado.
La bodega, la finca y la casa se llenaban con los vendimiadores.
Venían a trabajar con el abuelo durante 3 ó 4 días y la actividad era frenética. Barreños y cestas llenas del fruto maduro se apilaban por las esquinas. Ese olor tan caracerístico lo inundaba todo.
Hombres y mujeres con ropa de faena, tijeras en mano, sombreros de paja y lamparones de fruta en sus camisas de trabajo.




La abuela cocinaba para ellos. Ya de buena mañana sacaba platos con huevos fritos caseros, chorizo y patatas del huerto. Se sentaban en el porche y devoraban como si no hubienen probado nunca semejante manjar. Risas, tragos de vino tinto y vuelta a la faena.
Los toneles del abuelo esperaban en la bodega. Hora de convertir en vino lo que durante el año había cultivado, con frío, viento, lluvia, calor o lo que tocase...
Ese perfume húmedo de la bodega del abuelo, ese frescor, ese silencio y esa penunbra casi mágica... Imposible de olvidar.




El abuelo era un hombre muy especial. Además de guapo y buen mozo, muy alto para su generación. Callado, reflexivo, inteligente y con gusto por escuchar a los demás.
Le encantaba sentarse en su sillón a escuchar la radio, las noticias, la radionovela, la lotería...
Siempre levaba una pequeña navaja en el bolsillo que utilizaba para casi todo...
Le gustaba silbar canciones mientras caminaba con paso pausado y tenía un gato precioso y gordo llamado Martín al que adoraba sobre todas las cosas.
Mi abuelo era un hombre sencillo, trabajador y bueno.




Se ocupaba de la compra de la casa, de ir a por la leche recién ordeñada, de comprar fruta, pan de maíz, empanada, gaseosa de sabores y todo lo que a los nietos nos gustaba.
Era un hombre generoso, que daba más de lo que tenía, tolerante, divertido, tranquilo...
Le gustaba mucho el café y se lo bebía tan caliente que no entiendo cómo no se quemaba los labios...
Su pasión eran los viñedos que con tanto amor cuidaba, mirando siempre al cielo y protegiendo los frutos de los pajarillos ladronzuelos...
El abuelo Albino nunca se enfadaba, tenía esa virtud. Por muchas trastadas que ideásemos nunca perdía la calma ni la sonrisa.





Yo quería ser valiente y dura como las chicas del pueblo. Quería subirme a los árboles sin que me diesen miedo las alturas.
Caerme y no llorar al hacerme sangre... Lo intentaba, pero no siempre lo conseguía.
Era el abuelo quién me limpiaba cuidadosamente las heridas con agua y jabón y luego me ponía mercromina y polvos "Azol".
Todo el verano llevaba las rodillas teñidas de rojo, pero no me importaba, aquel mimo del abuelo curaba todas las "pupas" de Mary Azucarillo.