Bienvenid@ a mi mundo !



25 DE MARZO.
Mamá era la primera en llamarme cada 25 de marzo. La primera siempre en felicitarme y hacer de este día un día especial.
Es imposible no recordar cada cumpleaños a su lado porque ella era la persona más generosa que he conocido. Todos los regalos le parecían pocos para mí y para todos sus seres queridos.
Cuidaba cada detalle. Le gustaban las fiestas, las ocasiones especiales, la Navidad, las reuniones y comidas familiares. Se molestaba siempre en tener un detalle especial para cada uno. Nunca se olvidaba de nadie. Era una auténtica "materfamilias" y su especialidad era unir, nunca separar.



 Mi cumpleaños era para ella una ocasión bien especial.
Esas tartas de chocolate y galletas que nadie ha sabido hacer tan buenas... Esos bizcochos con huevos caseros que no llegaban a enfriarse porque me los ventilaba de un plumazo...
Aunque cayesen chuzos de punta o hiciese un frío insoportable en aquellas primaveras gallegas... Cada 25 de marzo yo estrenaba la ropita nueva que mamá compraba para mí. 
Ella me regaló mis primeros tacones con 15 años y desde el primer momento supe que ese era el calzado de mi vida, el que más me gustaría y con el que más Azucarillo me siento.
Recuerdo esos zapatos de tacón como si ahora mismo los tuviese delante. No sabía andar con ellos y uno de los pies siempre se me resbalaba por la acera produciendo un ruído característico de las tapas de metal que llevaban.
Mi entrenador de balonmano se reía y comentaba: - Ya viene el pato mareado. Ja, ja, ja...
Aquella frase ofendió mi orgullo de 15 años y me hice tantos largos de pasillo de casa como fueron necesarios para  aprender a caminar con tacones como si hubiesen sido una extensión de mi cuerpo desde siempre.
Hoy no sólo llevo los tacones comodísima sino que corro tanto como cualquiera en zapatillas. Me chiflan!!!




Mamá siempre decía que en los cumpleaños a las primeras que hay que felicitar es a las madres. Y tenía toda la razón.
Ellas son las responsables de nuestra presencia en la tierra. Sí, ya sé que con colaboración paterna, pero ese es otro tema.
No voy a descubrir ningún secreto si digo que venimos de la madre y que la capacidad de entrega de una madre a todos los niveles, nunca puede ser ni remotamente superada por nadie.
Sabio el refrán que dice: "Madre no hay más que una".
Las necesidades básicas ( comida, calzado, vestido...) pueden ser cubiertas por otras personas. Pero la unión, empatía, ternura, amor... que una madre ofrece a quién salido de sus entrañas.... No puede ser cubierta por nadie más.




No quiero ponerme triste en este 25 de marzo. Siempre hay que ver lo que tenemos y no lo que nos falta, pero... Es imposible no acordarme de tí hoy querida Amelita. Pues eso mami... "Feliz cumpleaños". Te quiero!!!
A medida que voy envejeciendo siento el regalo de tenerte más cerca de mí.
Cuándo me miro al espejo y veo los signos de la edad te recuerdo cada día más.
Mi pelo, como el tuyo. Ese gesto.. lo hacías tú. 
Mis ojos son del mismo color que los tuyos y si quiero verte no tengo más que sacar mi espejo del bolso.




Cuándo elijo las fotos que ilustran este blog... Muchas veces sonrío al ver tu perfil en mi cara.
Sonrío del mismo modo que tú y mira mis manos.... Mamá, son muy parecidas a las tuyas, aunque algo más huesudas.
- ¿Recuerdas que nos confundían al escucharnos por teléfono? Pues yo escucho tu voz cuándo me oigo en la radio... Y lo hago con alegría, no con tristeza.
Soy coqueta como tú lo eras mamá. Nos gusta el mismo tipo de música aunque tú cantabas fenomenal y yo canto como un elefante.




Vives en mí mamá y quizás esa sea la señal que te pedí antes de que te fueses del todo.
Cuándo sabía que no iba a poder soportar tu ausencia te dije que no te fueses del todo, que buscases la forma de hacerme saber que estabas ahí de algún modo, como una energía, como una luz, como lo que fuese...
Que me hicieses saber que algo tuyo seguía cerca y no me dejaba del todo... Y no pude verlo hasta hace muy poco.
Estás dentro de mí, de mi hermano y de papá. De todos los que tuvimos la suerte de disfrutar de tu presencia y de la luz que emanabas, porque fuiste un ser brillante mamá.
Gracias por tanto Amelita!!!! !!!!! !!!!



Mentir, mentir... El arte de ocultar la verdad, tan antiguo como el ser humano.
La mentira va pegada al hombre y forma parte de su naturaleza misma, de su instinto de protección.
Los expertos dicen que el niño comienza a mentir a partir de los 2-3 años de edad, simplemente para adaptarse a su entorno social, ya ven querid@s amig@s.
Y somos los mayores los que animamos a los pequeños a seguir tales conductas con nuestro ejemplo:
- Pablito, dile a la tía Laura lo mucho que te ha gustado la camiseta que te ha regalado. Dale las gracias cariño. Cuándo sabemos perfectamente que el niño ha dicho que es horrible y que eso no se lo pone. 
- Ana tesoro, dile a Juan que estás deseando que venga a tu cumpleaños. Y Juan es un pesado que a la niña no le gusta nada y le rompe las muñecas, pero como es hijo de nuestra mejor amiga... Pues... No coment.




De niños comenzamos a mentir por diversas circunstancias y, alrededor de los 7 años, tenemos perfectamente asimilado que hay cosas que no necesitan ser reveladas y... Aprendemos a fingir, incluso nos divierte. Así somos los seres humanos ( según los expertos).
Mentimos para no ser castigados, para quedar bien, para impresionar, para resolver un problema... Incluso para agradar a otros.

La mentira es un arma de supervivencia, un mecanismo de defensa que, se aprende bien temprano.




Me ha llamado la atención descubrir que los individuos más capacitados para la mentira poseen un 25 % más de materia blanca cerebral que los más honestos. O sea, cuánto más grande es el cerebro ( no la cabeza, ojo ) más capacidad tendremos para mentir. 
Es curioso, no cabe duda. lo dicho, la mentira es " todo un arte".
Incluso las personas más sinceras y honestas mienten varias veces al día:
- No he podido enviarte ese correo ( Sí he podido pero preferí ir a la peluquería... )
- Te sienta fenomenal ese vestido ( No me gusta nada, qué cosa más cateta).
- Qué mono tu niño ( si no tuviese esas orejas de soplillo a imagen y semejanza de su padre )
Etc... Etc...
Mentirijillas piadosas, que se dice, y a veces, no tan piadosas...




Mentir tiene sus riesgos. Es un juego peligroso y el que juega... Debe aceptar las reglas de juego.
El que miente y le sale bien, vuelve a mentir. Una y otra vez. Consigue sus objetivos sin esfuerzo aparente y eso genera adicción.
El mentiroso se acostumbra a tener éxito con su conducta delictiva y se autoconvence de algún modo de que ese es el mejor camino para conseguir sus objetivos.
La mentira con éxito es adictiva.




Pero... ¿Qué dice la ciencia acerca de detectar, desenmascarar, descubrir a un mentiroso?
¿Cómo podemos saber si una persona nos miente o nos está diciendo la verdad?
Pues, queridos y queridas... No hay ciencia exacta ni verdades absolutas en la investigación científica acerca de la mentira.
Es cierto que mentir, suele generar cierto nerviosismo, pero el mentiroso compulsivo, el sujeto más capacitado para este arte, es capaz de controlarlo y, por lo tanto muy difícil de detectar.
También se dice que es fundamental atender al lenguaje no verbal. a los gestos de la persona.
Esto puede tener relevancia, pero no siempre es concluyente.
No podemos interpretar que nos miente por signos de nerviosismo (lenguaje no verbal) de una persona que suele rascarse la nariz, tocarse el pelo o parpadear demasiado habitualmente. eso es normal en ella... 
El lenguaje no verbal sólo es relevante a la hora de detectar una mentira si conocemos mucho a esa persona, sus gestos y comportamiento habitual.




Aunque no siempre es concluyente, lo normal es que la mentira genere cierto nerviosismo y tensión que se reflejen en el lenguaje no verbal de la persona, en su modo de actuar, en sus gestos.
Así que, para atrapar a un mentiroso... Debemos tener en cuenta que:
- Se suele poner a la defensiva. Ante nuestras preguntas inquisidoras no coopera, se muestra evasivo.
- Hace pausas no acostumbradas en su charla ( tiempo para pensar sus respuestas).
-Evita el contacto visual. trata de no mirarnos a los ojos para no sentirse vulnerable.



- La mentira aumenta la tensión arterial, la actividad cerebral y el ritmo cardíaco, por lo que la respiración se hace más rápida.
- El mentiroso trata de evitar ponerse frente a su interlocutor, elige siempre un lado y cruza brazos y piernas para sentirse autoprotegido, a salvo.
- Suele poner una barrera física con su interlocutor: un bolso, un libro, lo que tenga a mano.
- Hace gestos que no suele hacer: Rascarse la nariz, tocarse el cuello, parpadear mucho, sonríe con la boca pero no con los ojos, aumenta las pausas en su conversación, para tener tiempo de pensar las respuestas.
- Pide que le repitamos la pregunta, para pensar bien la respuesta que nos dará.... 





Estas son sólo algunas de las señales auditivas o visuales que debemos tener en cuenta a la hora de atrapar a un mentiroso o mentirosa. 
Como hemos dicho, no hay ciencia exacta en este terreno. No hay reglas que funcionen al cien por cien, sino indicios.
La realidad es la de siempre, la complejidad de la conducta humana. 
En nuestra mano está valorar lo que queremos, lo que compensa o no compensa, lo que vale o no vale la pena y dónde poner nuestros límites según la envergadura de la mentira.
El arte de mentir. Olé.




Queridos y queridas amigas... 
Comunico que estoy un poco hartita de la masiva proliferación de coach, ayudantes, directores y presuntos guías espirituales de vida, modo de proceder y orientación vital que, de un modo u otro, tratan de invadir nuestro espacio.
Acompañantes de camino, entrenadores personales afectivos, que nos dicen lo que está bien o está mal, pretenden ayudarnos a caminar por la vida y conseguir que logremos nuestras metas.
Parece que hoy no somos nadie y caminamos perdidos por el mundo sino contamos con la ayuda del coach de turno. 
Proliferan como setas en otoño y caracoles tras la lluvia, un coach en cada esquina. ¿A qué te dedicas? Soy coach. 
"Ponga un coach en su vida", si usted no tiene un coach... ¿A dónde pretende llegar querido amigo?




Me ofrecen sus servicios a diario señoras y caballeros coach mediante correos a veces de dudosa procedencia que cada vez me molesto menos en leer.
También me han ofrecido unirme a sus proyectos y convertirme en coach. Siempre el que me ofrecen es el mejor, el más prestigioso y efectivo método coach...
Pero sigue sin convencerme y me doy cuenta de que lo que pretenden es aprovecharse de mi persona por diversos motivos ( ellos dirían que no, claro).

Al igual que no me convence mi vecina vegetariana para que deje de pasear a mi perro arreglada y con tacones, o para que me haga vegetariana como ella.
Tampoco me convencen mis primas para que milite en el feminismo más radical.
Ni me convence aquel que no respeta las ideas del prójimo y trata de imponerlas a cualquier precio.




Sucede que cuándo las ideas y principios de una persona se instalan en nuestro cerebro, nuestra personalidad está bien definida y nuestros valores asentados... Se crea una especie de barrera infranqueable y es muy difícil que cambiemos de opinión.
Todo lo que no encaje con esas ideas, lo rechazamos, aunque respetemos las ideas del prójimo. 
El del Madrid rechaza al del Barcelona, el republicano al monárquico, el vegetariano, al carnívoro, el de izquierdas al de derechas....
Nos aferramos a nuestras ideas y... es muy difícil cambiarlas.




Difícil sí, pero no imposible.
Todos conocemos personas con amplias dotes de persuasión, que dulcemente y con gran poder de convicción saben llevarnos a su terreno sin coacciones. Personas convincentes que saben contagiarnos su entusiasmo con razones claras y persuadirnos haciendo que cambiemos de opinión.
Esta habilidad puede ser natural, como cualquier otro don que la naturaleza regala o puede aprenderse.
Aquí estaríamos hablando de las susodichas "escuelas de coach", cursos y másters para coach ( por cierto nada baratos, sino al contrario )
"Ponga un coach en su vida", una vez más.




Existen unos truquitos, pautas o reglas que nos pueden ayudar a conseguir esa habilidad social que se llama persuasión, que no manipulación.
Nos pueden ayudar a ser más eficaces en ese "arte de convencer al otro" que tanto gusta a casi todos.
Por naturaleza, el amante de la ópera nos vende sus bondades. El vegetariano las suyas y el amante del tenis las suyas... Todos tratando de llevarnos consciente o inconscientemente a su terreno.
Pues bien, las susodichas y prestigiosas técnicas coach dicen que con estos sencillos trucos predisponemos al interlocutor a aceptar nuestras ideas y propuestas...




- Elegir el momento adecuado para tratar de convencer al otro. Cuándo esté relajado, de buen humor... Estará más predispuesto a aceptar lo que le propongamos.
- Sonreir. La sonrisa es una llave que abre muchas más puertas de las que pensamos.
- Adoptar una postura abierta y relajada, gesticular con las manos acompañando nuestras palabras. Esta postura transmite confianza y credibilidad al que nos escucha. El lenguaje corporal es muy importante.




- Ritmo fluido al hablar. Ni demasiado rápido, que transmite falta de sinceridad, ni demasiado lento, que transmite falta de inteligencia. Con un tono de voz medio que transmita confianza y seguridad,
guardando equilibrio entre hablar y escuchar a nuestro interlocutor, pero sin resultar tímidos.
- Mantener contacto visual con nuestro interlocutor. La persona insegura evita ese contacto y transmite su inseguridad. 
-Mimar su ego. A todos nos gusta ser apreciados, que nos elogien, que nos valoren. Por ello el nombrar al interlocutor por su nombre de pila y conocer detalles sobre sus gustos o aficiones, elogiarlo, siempre es positivo y predispone favorablemente.




- Exponer nuestras ideas con claridad y seguridad, ayudándonos del lenguaje corporal ( gestos, mirada...) sin rodeos. Ser claro y directo.
- Explicar las cosas sin lenguaje agresivo y autoritario, si no de forma amigable y amable, sin discutir. Escuchando al interlocutor.
- Mostrar entusiasmo y seguridad, transmitir energía. Expresarnos con claridad y dar buenos argumentos al presentar nuestras ideas.
- Crear un ambiente favorable al "sí". Formular a nuestro interlocutor muchas preguntas cuya respuesta es "sí" genera en el cerebro una actitud que tiende a seguir el mismo camino, una predisposición positiva.
- Siempre dar argumentos y razonamientos a nuestras ideas.

Todos estos pequeños truquillos que se aprenden en máster, escuelas y cursos para coach nos ayudan en el difícil arte de convencer al otro, de seducirle...




Respeto mucho las ideas de todo el mundo y la forma que cada cual tenga de ganarse la vida mientras no sea explotando al prójimo.
Acepto que se haya puesto de moda el universo "coach".
Comprendo que muchos piensen que no somos nada si no pasamos por las manos de un buen coach.
Quizás si creyese algo de lo que hasta ahora he podido escuchar de boca y letra de diversos coach, estaría viviendo una vida plena, fantástica y maravillosa, tocando el cielo coach... Quizás.
Pero, por el momento, me considero hasta el "moño" de tanto coach y el único influencer que acepto en mi vida es mi precioso perrito "Lufi". He dicho.
Quizás este verano me haga una camiseta con un letrero que rece: - "Ponga un coach en su vida", para ver si así veo con otros ojos esta epidemia "coach".

Aquí os dejo una recopilación de aperitivos que son algunos de mis favoritos. Ideales para incluir en las comidas y cenas con familia y amigos al aire libre. 
El buen tiempo hace acto de presencia y enseguida estamos organizando "saraos" y buscando menús para quedar como reyes y reinas con nuestros comensales.
Por eso os anticipo unas cuántas ideas que sé que os harán triunfar.
Pinchando en el título de cada aperitivo, veréis la receta paso a paso.
A disfrutar!!!

"Mejillones a la marinera"





"Piquillos rellenos de ensaladilla de merluza"




"Patatas bravas"




"Empanadillas de atún fresco"




"Lacitos de ajo y perejil"





"Boquerones rellenos de aceitunas negras, queso feta y albahaca"





"Tortilla de verduras"





"Bocaditos de salmón y queso fresco"



"Snacks de queso emmental"




"Tarta de queso de cabra y berenjenas"





"Camenbert frito con mermelada de pimientos casera"





"Empanada de pollo con masa fina y crujiente"




"Sopa fría de naranja con gambas"




"Huevos rellenos de guacamole y gulas"




"Croquetas de pollo asado"


Pensamos que nunca nada malo va a pasarnos. Parece que nada va a poder con nosotros, ni los reveses de la vida, ni los malos momentos, ni la falta de salud, un accidente...
Esas cosas siempre le pasan al de al lado, nunca a nosotros.
Y un buen día, una persona tóxica nos atrapa. Quizás estamos en un momento bajo, nos sentimos solos, no es nuestro mejor momento emocional....
Y ahí está el "vampiro ladrón de emociones" que nos dice lo que necesitamos oír en ese momento, sube nuestra autoestima, alimenta nuestro ego y consigue que le abramos las puertas de nuestra vida...
Nos atrapa con sus artes y , por supuesto, niega habernos embaucado porque no somos pececillos indefensos... y no lo somos. Pero las personas tóxicas existen. Y las personalidades proclives a caer en sus redes en algún momento de su vida... también.





Quizás resulten tóxicas inconscientemente, no lo sé... 
Al fin y al cabo las personas tóxicas son inmaduras, eternas insatisfechas, infelices perpetuas, autoritarias, negativas, apáticas, carentes de energía positiva... por lo tanto, siempre infelices, dignas de lástima.
La realidad es que la persona tóxica puede llegar a anular la voluntad de su víctima, convertirla en una marioneta a su entera disposición.
Puede enterrar sus sueños e ilusiones, hacer que pierda el interés por reír, por vivir, por disfrutar del aire, del sol, de la familia.  La víctima la idealiza  y nada que no sea esa persona importa, convirtiéndola en el centro de su vida y en el motor de su mundo. 




Las personas tóxicas suelen ser seres narcisistas, egoístas, tristes, manipuladores.
Absorben la existencia de su víctima y la exprimen como naranjas hasta que no queda una sola gota de zumo.
Hablan constantemente de sí mismos y sus problemas y no muestran empatía ni interés alguno por los problemas de los demás.
Anulan el equilibrio emocional de su víctima y no toleran ni un ápice de entusiasmo, alegría y positividad.





La víctima cae en sus redes y el sujeto tóxico jamás lo reconoce, puesto que su principal satisfacción es liberarse de toda culpa. Culpabiliza a los demás y disfruta haciéndolo.
Consigue sacar la parte más negativa del que tiene al lado y destruir su autoestima, cuestionarlo, criticarlo, anularlo...
Lo peor de todo ello, es que la víctima suele ser la última en enterarse de que está siendo manipulada por una persona tóxica y se enfrenta al que intenta ayudarla, llegando incluso a considerarlo como un "enemigo".
Ese sujeto tóxico puede hacer que veamos la realidad alterada y consideremos normales cosas, actitudes y reacciones que en realidad no lo son.




En ocasiones, estas relaciones tóxicas duran toda la vida, pero es frecuente también que en algún momento la luz de la esperanza brille, haciendo que la víctima recupere transitoriamente la lucidez y decida pedir ayuda o buscarla por ella misma.
Es frecuente que esta situación alienante resulte insoportable para la persona e intente reaccionar como buenamente pueda.
Si tiene suerte y apoyo, logrará liberarse de esa exclavitud emocional, que aún dejando huella, es posible dejar atrás. 




Para ello necesitará tomar conciencia de que está bajo la influencia de una persona tóxica. 
Tomar las riendas de su vida. No dejar que nadie decida por ella y....
Requisito imprescindible y frecuentemente doloroso... Poner distancia. Contacto cero con esa persona que daña. 
Asumir que es parte del pasado, dejarla atrás y centrarse en el presente y en el futuro.
Volver a recuperar la autoestima es crucial para salir airoso en este proceso.
Hay diversas técnicas que nos ayudan a conseguirlo y sino podemos solos debemos solicitar ayuda.





Buscaremos rodearnos de personas que nos quieran de verdad, a las que importemos y se preocupen realmente pos nuestra salud y bienestar.
Personas que nos enriquezcan, positivas, amables, buenas... Que nos ayuden a mantener a raya nuestro propósito de alejamiento de la persona tóxica.
Cerraremos puertas para abrir ventanas de esperanza.




Nos centraremos en llenar nuestra vida de cosas y pensamientos positivos. En vivir el presente y superar el pasado, teniendo claro que nunca volverá.
La felicidad y la estabilidad emocional vendrá por sí sola en el momento en el que comprendamos que sólo nosotros somos capaces de hacernos felices, nadie más.
La felicidad se encuentra en nosotros mismos y en la manera de encarar la vida y sus avatares.
Nadie es insustituible. Absolutamente nadie.
Posiblemente al principio nos parezca muy difícil, ya que habremos idealizado a esa persona tóxica, puesto que nuestra voluntad está anulada o desvirtuada...




Pero no es así. Nadie es insustituible, absolutamente nadie.
Y es muy sano aprender cuánto antes a hacer examen y análisis de nuestra realidad de vez en cuándo. Mirar a nuestro interior y decidir qué nos falta y qué nos sobra... Por qué nos falta y por qué nos sobra... y una vez analizada nuestra realidad... Poner remedio a las carencias si es posible y siempre siempre echar de nuestra vida para siempre a quién no merece estar en ella.
Vamos a querernos, que nosotros lo valemos!!! Hagamos esa promesa y... "Que se mueran los feos"!!!

Esta misma mañana en la puerta del cole ví a una niñita que apenas tendría 4 años mostrando a su madre orgullosa lo bien que se había abrochado el abrigo.
La escena fue de una increíble ternura a mis ojos. El abrigo iba abrochado con un botón que no le correspondía, absolutamente "cojo", una punta en Pinto y otra en Valdemoro, pero la niña lo ensañaba orgullosa con una sonrisa de oreja a oreja y decía a su madre que ya era mayor...






Para muchos, esta escena, habría pasado desapercibida, pero no para mí.

A mi mente volvió el episodio vivido en carne propia cuándo sólo tenía 3 años. La escena, bien distinta.
Una monja cruel y despiadada de mi colegio en Pontevedra, con artes de enseñanza antiguas, me castigó por no saber abrocharme el abrigo...

Mi abriguito de paño gris con cuello de terciopelo y doble botonadura, quizás no era el más adecuado para llevar al cole, ni el más práctico, pero sí el más bonito y el que mi madre me ponía y abrochaba con tanto cariño y dulzura cada mañana.





Mi hermano acababa de nacer y yo, con apenas 3 años, me sentía la princesa destronada. 
Mamá nunca me enseñó a abrochar ese abrigo ni ningún otro, porque seguramente no lo creyó necesario...
Y aquel día, esa horrible señora, consideró que el no saber hacerlo era motivo suficiente para someterme a un castigo tan cruel.
Me ridiculizó delante de las demás niñas, que veían la escena con sus abrigos puestos y supongo que abrochados, mirando con cara de susto, sentadas en el círculo pintado en el suelo de la clase.
Recuerdo perfectamente el sabor de las lágrimas que rodaban sin descanso por mis mejillas. Recuerdo la cara pálida de la monja cruel enmarcada por la toca negra y el hábito negro que rozaba sus pies. Cuándo se me acercaba, el olor a naftalina me atemorizaba todavía más. 
Aquellos ojos incisivos que exponían "mi crimen" ante mis compañeras sin piedad de ningún tipo.





Sus amenazadoras palabras que recuerdo como si las hubiese escuchado hace 10 minutos: 
- Hasta que te abroches el abrigo no irás a tu casa. 
Y como con eso no tuvo bastante, obligó a mi mejor amiguita, Judith, a levantarse y tocar el pandero hasta que yo dejase de llorar.
La pobre Judith me miraba cabizbaja sin poder hacer otra cosa y daba golpes al pandero con sus pequeñas manitos, mientras las demás niñas observaban atemorizadas la escena en absoluto silencio.




Finalmente conseguí abrocharme algunos botones del abrigo de paño con cuello de terciopelo gris. Sí, ese de doble botonadura que mamá me ponía para ir al cole.
Me lo abroché mal, pero lo conseguí, entre llantos y sintiendo la primera humillación de mi corta vida de 3 años.
Pude montarme en el autobús escolar que me llevaba de vuelta a casa y recuerdo todavía la cara de mi madre cuándo me vio bajar con el abrigo "cojo" y la cara congestionada por el llanto.





Era otra época.
La época en la que se llamaba por teléfono a los padres si se observaba que un niño empezaba a dar síntomas de ser zurdo, para comunicárselo y corregirlo, seguramente con severos castigos.
La época de "la letra con sangre entra".
La época en que se pegaba con la regla en las manos si se te olvidaba el cuaderno.
La época en la que el "bullying" se llamaba "cosas de niños".
La época en la que se rezaba el rosario antes de comer y los cachetes como método de aprendizaje estaban al orden del día.
Se trataba a los profesores de usted y eran "los reyes del mambo". Dentro del aula hacían y deshacían a su antojo.
Las técnicas y métodos pedagógicos nada tenían que ver con los de ahora, en los que no se puede corregir a un niño ni llamarle la atención porque poco menos que se le traumatiza...




¡Cómo hemos cambiado!!!
En muchas cosas para bien, por supuesto, pero en otras muchas para mal ( o menos bien ).
Nunca estaré de acuerdo en que un alumno falte al respeto a su profesor y no mantenga cierto código de respeto, el normal que le va a servir para el resto de su vida en su relación con los demás.
Nunca aprobaré al maestro que humilla al alumno. En la actualidad, por suerte, hay cauces para que estas cosas se hagan públicas y aquel que emplea métodos de enseñanza poco ortodoxos o aprovecha su posición de superioridad para humillar y ridiculizar, sea retirado de su puesto.





Las personas somos producto de nuestra genética y de las experiencias vividas en carne propia, que van forjando nuestra personalidad y nos van mostrando el camino, para unos más recto, para otros con más curvas.
De aquella humillación, de aquel terrible castigo para una niña tan pequeña y tan tímida como yo, siempre hay que sacar la parte positiva.





Y lo positivo fue...
Que esa humillación pública fue el primer peldaño de una larga escalera que conseguiría convertirme una mujer que no conoce la vergüenza, en el mejor sentido de la palabra.
Nunca he dejado de hacer algo por vergüenza o miedo escénico, jamás.
La vida enseña a una niña extremadamente tímida a buscarse sus recursos, necesidad obliga.
Y lo más positivo de todo fue...





Que mamá me enseño a abrochar mis abrigos y nunca, nunca más volví a llevar al colegio mi precioso abrigo de paño con cuello de terciopelo gris.